HORA SANTA VOCACIONAL MES DE JULIO DE 2009
“Por el bautismo participamos del Sacerdocio de Cristo”
SE EXPONE EL SANTISIMO SACRAMENTO
GUÍA: Cantamos (Un canto para la entrada que reúna a la asamblea y la motive a la adoración): “Alabado sea el Santísimo”
Breve silencio
GUÍA: En este mes de julio queremos rezar por las vocaciones, meditando sobre nuestra consagración común a Dios en el Bautismo. Queremos agradecer especialmente al Padre el regalo del sacerdocio bautismal que recibimos en este Sacramento.
LECTOR 1: escuchemos de la carta a los Hebreos
“Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.” (Hbr 5, 5-7.9-10)
Palabra de Dios
Breve silencio
Primer momento: Sacerdocio ministerial
LECTOR 1: Queremos pedir al comenzar nuestra oración por la Vocación Sacerdotal.
En este año, el Santo Padre ha querido invitar a toda la Iglesia, especialmente a los sacerdotes, a rezar y meditar, sobre este ministerio en la comunidad eclesial.
El sacerdote es un bautizado sacado de entre los hombres, para servir a la comunidad.
Por el sacramento del Orden, el sacerdote se configura con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor, para construir y edificar todo su Cuerpo, que es la Iglesia, y para personificar de modo específico al Señor mismo, constituyéndose así en instrumento vivo de su obra salvadora.
LECTOR 2: El principio interior que anima y guía la vida espiritual del sacerdote es la caridad pastoral, participación de la misma caridad de Jesucristo: don gratuito del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, deber y llamada a la respuesta libre y responsable. La caridad pastoral es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en su entrega de sí mismo y en su servicio. No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su Iglesia.
Breve Silencio
LECTOR 1: Recemos juntos con el siguiente himno de la Liturgia de las Horas. Luego, a modo de “lectura en eco”, cada uno puede libremente repetir en voz alta las palabras o versos que más queden resonando en el corazón.
Señor, Tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.
Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.
Señor, Tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.
Señor, Tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres que Tú, Padre,
me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño.
Amén.
Cantamos: “Pescador de hombres” (u otro canto apropiado)
Breve silencio
Segundo momento: Vida consagrada
“El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias”
LECTOR 2: La vocación a la vida consagrada, desde la vida monástica hasta la consagración más activa, es una invitación especial y particular de Dios a profundizar en aquella primera consagración, la que recibimos en el bautismo. Todos los cristianos estamos llamados a sumergirnos cada vez más en esa fuente inagotable de gracia y santidad. Sin embargo, quien es llamado a la vida consagrada lo hará de un modo particular viviendo los consejos evangélicos en sus votos como testigo del Reino de los Cielos.
Breve silencio
LECTOR 1: Y si la vida consagrada es profundización del bautismo, es entonces un llamado a vivir de un modo propio el sacerdocio de los fieles. El consagrado, mirando a Jesús, se eleva constantemente al Padre, dirigiendo, durante su vida terrena, súplicas y plegarias por sí mismo y por todos los hombres. Aquel que se consagra al Señor se convierte en una voz que clama a Dios, reuniendo los ecos de tantas voces apagadas por el cansancio, el dolor, la falta de fe.
Cantamos: “Que mi vida entera” (u otro canto apropiado)
LECTOR 1: Señor Jesús, te pedimos por tantas almas que día a día acogen con generosidad tu llamado a una consagración total a Vos. Dales un corazón sacerdotal, atento a las necesidades de los hombres para presentarte sus intenciones y así vivir ese sacerdocio bautismal que quisiste regalarles.
LECTOR 2: Pidamos juntos a Jesús por todos los consagrados. Recemos diciendo “Que sean santos, Señor”.
-Te pedimos por los monjes y monjas de clausura que ofrecen sus vidas en el silencio, el trabajo y la oración y sin andar ni hablar mucho sin embargo llenan de tus huellas el mundo y lo inundan con su silencio fecundo. Oremos
-Te pedimos por los consagrados a las misiones, encargados de hacer llegar tu presencia a todos los rincones de la tierra y desde allí presentarte las súplicas de tu pueblo. Oremos
-Te pedimos por los consagrados al servicio de los más pobres, de los enfermos, de los presos que unen tantos dolores a tu Cruz. Oremos
-Te pedimos por los consagrados a la evangelización de la cultura que enseñan a los hombres a alabarte ofreciéndote sus obras. Oremos
Cantamos: “Señor, aquí estoy” (u otro canto apropiado)
Breve silencio
Tercer momento: Laicado
LECTOR 2: Sabiendo que todos participamos de distintas maneras del sacerdocio de Cristo, Escuchemos del Concilio Vaticano II “los fieles laicos, en particular, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y ejercen el sacerdocio bautismal en la recepción de los sacramentos, en la oración y la acción de gracias mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante” (LG 10)
Cantamos: “Alma Misionera” (u otro canto apropiado)
LECTOR 1: Sabiendo que todos participamos del Sacerdocio de Cristo desde la oración, las súplicas y plegarias a cada intención respondamos: Escúchanos Señor
-Te pedimos por el aumento de vocaciones matrimoniales santas. Oremos
-Te pedimos por todos los matrimonios que sean modelos de santidad en medio del mundo. Oremos
-Te pedimos por los misioneros para que por medio del anuncio con su vida y su palabra sean causa de salvación para los distintos pueblos. Oremos
-Por las madres que quieren que sus hijos se acerquen a Dios, para que les des paciencia y fortaleza en sus súplicas y plegarias cotidianas. Oremos
-Por los matrimonios que están pasando un momento difícil, para que les des constancia aún en medio de las crisis. Oremos
-Te pedimos por todas las madres solteras. Oremos
-Por los novios, para que les ayudes a formar un corazón entregado. Oremos
-Por las distintas vocaciones laicales particulares para que con la ayuda de tu Espíritu puedan ejercer el sacerdocio bautismal. Oremos
Cantamos: “Maranatha” (u otro canto apropiado)
LECTOR 2: Para entregarle nuestra vida y la de todos por los que rezamos le pedimos a Señor que se haga siempre su voluntad sobre cada uno; para eso nos ponemos en sus manos rezando la oración (de San Ignacio):
Tomá Señor y recibí toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad:
todo lo que tengo y poseo.
Vos me lo diste, a vos Señor te lo devuelvo.
Todo es tuyo.
Disponé de mí, según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia que eso me basta.
GUIA: Para concluir este rato de adoración y oración rezamos juntos la oración por las vocaciones:
Jesús,
que sientes compasión al ver la multitud
que está como oveja sin pastor,
suscita en nuestra Iglesia
una nueva primavera de vocaciones.
Te pedimos que envíes
-Sacerdotes según tu corazón
que nos alimenten con el Pan de tu Palabra
y en la mesa de tu Cuerpo y de tu Sangre;
-Consagrados que, por su santidad,
sean testigos de tu Reino;
-Laicos que, en medio del mundo,
den testimonio de Ti con su vida y su palabra.
Buen pastor,
fortalece a los que elegiste;
y ayúdalos a crecer en amor y santidad
para que respondan plenamente a tu llamado.
María, Madre de las vocaciones,
ruega por nosotros.
Amén.
SACERDOTE: (Bendición con el Santísimo)
GUIA: Terminamos nuestra adoración al Señor cantando: “Padre santo yo te Adoro” (u otro canto apropiado)